
Es Doctor en Ciencias Biológicas, mención Ecología, de la P. Universidad Católica de Chile, y ha desarrollado distintas investigaciones en sistemas marinos litorales generando diversas publicaciones, parte de ellas abordando aspectos metodológicos y epistemológicos en las ciencias biológicas.
En la década de los 90’s comenzó a escribir para la Revista Chilena de Historia Natural por lo que fue elegido para ser ayudante del Editor ya que se encontraba cursando su doctorado en Santiago.
Actualmente, lleva más de 2 años siendo el editor jefe de la Revista Chilena de Historia Natural que fue Fundada en 1897 por el Prof. Dr. Carlos Porter, y que es publicada por la Sociedad de Biología de Chile. Esta publicación está destinada a difundir trabajos originales en las áreas de Autoecología (incluyendo Ecofisiología y Conducta), Biología de Poblaciones y Comunidades, Ecología del Paisaje, Sistemática y Taxonomía, Evolución Orgánica y Genética de Poblaciones, Biogeografía, Paleobiología, Parasitología, Botánica y Zoología.
Además de esta destacada labor que beneficia a toda la comunidad científica nacional y por supuesto internacional, el Dr. Camus es profesor de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, profesor adjunto del Departamento de Ecología de la UCSC y Jefe del Programa de Magíster en Ecología Marina.
La revista Chilena de Historia Natural es una de las más prestigiosas y antiguas de Latinoamérica, ¿cómo ha sido asumir en 2009 el importante desafío de ser su editor jefe?
El prestigio de una revista internacional como esta no es más ni menos que el que le confiere la propia comunidad científica, y en ese contexto que la plaza de editor es muy visible y no deja otra opción que responder a las expectativas. Por tanto el desafío es constante, y demanda una preocupación también constante ya que los procesos de la revista tienen su propio ritmo y temporalidad, y no se nos permiten actitudes o resultados negligentes, sin importar que haya otras exigencias como por ejemplo el cumplimiento cotidiano de las tareas académicas personales (docencia, administración, investigación, etc.).
Otro desafío importante es coordinar la labor simultánea de un cuerpo editorial formado en este momento por más de 30 destacados académicos de Argentina, Uruguay, USA y Chile, manteniendo interacción continua con ellos y enfrentando una variedad de situaciones que requieren un accionar rápido y efectivo en la medida de lo posible. Afortunadamente la calidad y experiencia de nuestros editores facilita grandemente esta interacción y sus resultados.
Toda esta labor, sin embargo, es sólo para mantener el funcionamiento normal de la revista, y el desafío más relevante es mejorar todo lo que sea posible para aumentar el impacto y visibilidad de la revista a nivel internacional. No cabe detallar aquí las acciones realizadas y por realizar, pero ésta es la tarea que exige más esfuerzo adicional, y no hay caminos fáciles ni recetas mágicas.
Es un trabajo de envergadura y gran responsabilidad…
Ciertamente el volumen de trabajo es alto (cada día hay numerosas decisiones que tomar y numerosos procesos que controlar), pero además el Editor jefe debe ser el garante de la calidad científica de lo que publica la revista y de la seriedad de su proceso editorial, lo cual debe ser demostrado en forma continua ante los organismos internacionales. Esta es probablemente la principal faceta de las responsabilidades del editor jefe, que además implica reconocer y corregir los errores propios (no siempre todo es grato o sencillo), y asumir formalmente la responsabilidad final por todas las decisiones y acciones tomadas por quienes participan en los procesos de la revista.
Es claro que el editor jefe no puede encargarse de todo, y en este caso cuento con el enorme apoyo del biólogo Sr. Carlos Zamora, docente asociado de la Facultad de Ciencias, quien se desempeña como editor de producción de la revista (la “mano derecha” del editor jefe). El Sr. Zamora no sólo lleva los registros de la revista y apoya toda la comunicación entre editores y autores, sino que además ha tenido un rol fundamental en las mejoras y desarrollos que hemos introducido desde inicios de 2009.
¿Cómo es el proceso de elegir los textos que se incluyen en cada edición? ¿Cuáles son los criterios que se aplican, de seguro muy exigentes, y quiénes participan en las diferentes etapas?
Cada manuscrito sometido a la revista debe pasar por al menos tres instancias de evaluación. La primera, es realizada por el Editor Jefe constatando si el trabajo cumple con las exigencias básicas de estructura, formato y relevancia científica, y en tal caso si amerita considerarlo para continuar el proceso interno. La segunda, está en manos de un editor asociado, designado por el editor jefe por criterios disciplinarios, y que efectúa una evaluación preliminar de la calidad y científica del trabajo, juzga si es potencialmente publicable, y sólo en ese caso procede al proceso de revisión por pares externos, que son científicos nacionales y extranjeros especialistas en el tema del trabajo. Los revisores juzgan la originalidad, relevancia, calidad de métodos y análisis, y validez lógica de las conclusiones (entre otros aspectos), y estas opiniones son clave para tomar la decisión de aceptar o rechazar un trabajo, la cual surge de una interacción final entre el editor asociado y el editor jefe.
Sin duda es un proceso exigente, y procuramos que se lleve a cabo con la mayor rigurosidad para asegurar la calidad final de los manuscritos aceptados. Pese a ello, rechazar un trabajo es siempre una decisión difícil y penosa, y en estos casos intentamos mantener una actitud positiva ante los autores animándolos a considerar las sugerencias de los revisores para reformular sus trabajos y mejorar su posibilidad de publicarlos.
En una publicación de alto nivel y seriedad, ¿cuesta mantener el estándar, quedan fuera muchos trabajos de calidad pero que no cumplen con los requisitos?
El prestigio que ha ganado la revista obedece principalmente a su alto nivel de exigencia, por lo cual la audiencia y los investigadores que someten sus trabajos saben que no siempre es simple pasar todos los filtros, y de hecho la revista rechaza cerca del 60 % de los trabajos que recibe. Si bien algunos consideran que esta cifra de rechazo puede ser muy alta para una publicación que no es “top” a nivel mundial, la política de la Sociedad de Biología de Chile es clara en cuanto a cautelar el nivel de exigencia, el cual es valorado positivamente por la audiencia científica (confían en los contenidos publicados por la revista). Por ello mantener el estándar no es un problema debido al muy buen nivel del cuerpo editorial, y a que el mismo estándar es visto por muchos autores como un desafío positivo que les exige elaborar trabajos de calidad. En este sentido, una dificultad real es atraer un número suficiente de autores con trabajos de calidad a fin de garantizar la periodicidad de publicación de la revista.
Apenas asumió su cargo se dedicó a la creación de una plataforma para realizar los procesos de la revista en línea, lo cuál ha sido un importante paso adelante. ¿Qué propósitos tiene para la revista hoy y a futuro?
En realidad la creación de una plataforma online fue posible gracias al trabajo de tesis de la Srta. Paola Carroza, ex alumna de la Facultad de Ingeniería UCSC, bajo la dirección de nuestra actual Directora de Investigación Mariella Gutiérrez, donde yo sólo aporté el contexto de procesos y requerimientos para orientar su desarrollo. Las eventualidades post terremoto nos impidieron activar esta plataforma por un tiempo, y por ello el siguiente paso es ponerla en marcha este año lo que sin duda implicará una optimización significativa de todos nuestros procesos editoriales.
Otras metas próximas para la revista, algunas ya en proceso, son aumentar su internacionalización así como la de su cuerpo editorial, el que además estoy re-estructurando para adecuarlo mejor a los cambios que están ocurriendo en las formas de hacer investigación y la manera en que las disciplinas tradicionales se están replanteando o reorganizando con nuevos objetivos y mayor integración.
¿Qué sello particular como editor jefe ha pretendido darle a la revista Chilena de Historia Natural?
La revista ya tiene un sello característico, y aunque mi primera labor como editor es mantenerlo, también intento potenciarlo y modernizarlo por ejemplo a través de la creación de nuevas secciones como Comunicaciones cortas, que permiten un flujo más rápido de nuevos conocimientos que tengan relevancia, o Temáticas especiales (Special features) donde fomentamos la interacción más directa con la comunidad científica ya sea invitando a publicar a grupos de autores en temas específicos de interés o recibiendo propuestas de publicación que replantean o sintetizan campos del conocimiento.
Otras labores
Además, ha tenido importante participación en CONICYT, como miembro evaluador. ¿Qué acciones formaban parte de su labor?
Aparte de los requerimientos usuales de CONICYT para evaluar proyectos o propuestas puntuales en los concursos de los programas FONDECYT, Bicentenario de Ciencia y Tecnología, Investigación Asociativa, y otros, me correspondió participar como evaluador y luego coordinador del comité Biología 1 de FONDECYT, donde se conduce el proceso de evaluación por pares de los proyectos regulares, de iniciación, de postdoctorado, cooperación internacional y otros, en todas las áreas de la biología que no son biomédicas o estrictamente bioquímicas/moleculares, tales como ecología, evolución, genética, biogeografía, zoología, botánica, fisiología y otras de carácter aplicado. La labor consiste en coordinar el proceso de búsqueda y asignación de evaluadores idóneos para cada proyecto, de evaluación de los currículos de los investigadores en concurso, de revisión de las evaluaciones de los árbitros externos para garantizar su ecuanimidad, y otros aspectos que terminan en una selección de los proyectos potencialmente aprobables (la decisión final, puntajes de corte y otros detalles pertenecen al Consejo de CONICYT).
La labor en estos comités debe lo más rigurosa y cuidadosa posible, y exige una gran responsabilidad que además se asocia a un alto esfuerzo de trabajo, y por lo mismo se experimenta una carga o presión importante (no es una broma revisar el enorme volumen de proyectos que llega cada año, donde están en juego las expectativas de cientos de investigadores). Sin embargo la experiencia fue totalmente positiva porque se aprende una enormidad y uno queda muy al día en cuanto a la investigación nacional, y al menos en mi caso, tuve la mejor interacción con el equipo de científicos (todos excelentes) del comité que me tocó coordinar, por lo que fue además un agrado.
También fue interesante saber que las políticas de renovación CONICYT impiden eternizarse en el cargo, y yo debí dejarlo después de cuatro años, lo cual me parece muy bien para no correr el riesgo de volverse personalista.
También, fue coordinador del Comité de Evaluación de Biología l, del Programa de Formación Capital Humano Avanzado de CONICYT. Aquí le correspondió evaluar becas de doctorado y magisters, otorgar beneficios, ¿cómo enfrentó esta responsabilidad?
Lo enfrenté igual que en FONDECYT o instancias similares, ya que en estos casos la única (y mejor) opción es asumir que el trabajo (en la cantidad que sea) debe ser realizado completamente y terminado en los plazos especificados. “Coordinar” tiene aquí un sentido muy literal (no es sólo dar instrucciones o delegar), ya que el flujo del proceso debe ser controlado y regulado en cada instante hasta llegar al momento final. En este caso implicaba conducir y monitorear la labor individual de los más de 30 investigadores que formaban el equipo de evaluación, actuando a la vez como evaluador, para finalmente detectar y corregir eventuales discrepancias. Además el coordinador tiene la ingrata tarea de iniciar el proceso de cada concurso revisando cada una de las postulaciones a fin de asignarles los evaluadores más apropiados, teniendo en cuenta todos los potenciales conflictos de interés. En los concursos mayores (como Becas Chile para el extranjero), sólo la etapa inicial puede consumir varios días completos, y es una de las razones por la cuales recientemente decidí no continuar en este comité.
En una de sus últimas apariciones públicas, en el marco de la conferencia “Historia natural versus historiografía: la evolución del quehacer naturalista en Chile”, usted destacó la importancia de Domeyko, Philippi y Gay por el aporte de sus inventarios como fuente de conocimiento; y destacó a Juan Ignacio Molina, escritor del primer gran texto naturalista de Chile; y a Carlos Porter, autor del Ensayo de Historia Natural de Chile y fundador de la Academia Chilena de Ciencias Naturales. Háblenos sobre esto…
El tema de esta conferencia por supuesto fue muy ad-hoc con mi rol de editor de una revista de historia natural, y si bien la idea inicial era referirse a Domeyko, Philippi y Gay (todos extranjeros), preferí destacar más las contribuciones nacionales, y particularmente de Carlos Porter quien fue sin duda y por muchas razones nuestro naturalista más destacado en la historia, no sólo por haber fundado (y dirigido hasta su muerte) la Revista Chilena de Historia Natural. Porter fue un científico extraordinario, y su obra fundacional en la primera mitad del siglo 20 constituyó en sí misma una etapa completa del desarrollo de la biología en Chile. El currículum de Porter es como mínimo comparable al de cualquier premio nacional de ciencias actual, ya que generó más de 400 publicaciones, fue miembro o director de casi 70 sociedades científicas chilenas y extranjeras (incluso presidió sociedades extranjeras desde Chile), fundó y dirigió numerosos museos, institutos y revistas científicas, promovió la descentralización del desarrollo científico, y fue gestor clave en la institucionalización e internacionalización de la ciencia naturalista chilena. No en vano recibió gran cantidad de premios y distinciones de gobiernos e instituciones científicas de más de 10 países de Europa, América del Norte y del Sur, incluyendo doctorados honoris causa en Francia y Estados Unidos. Estos logros son más que sobresalientes para un chileno en esa época, y me atrevo a decir que difícilmente serán igualados, por lo que próximamente espero (a través de algunos artículos) ayudar a que su obra sea reconocida en todo lo que vale.
De alguna manera, su carrera científica también ha sido trazada por su contribución al conocimiento, a través de la creación y difusión. ¿Esto es algo que se ha ido dando en el camino u obedece más bien a un propósito personal o profesional que contempla la importancia de generar información?
Esto lo asumo más bien como algo propio de la carrera científica, donde la contribución al conocimiento y a su difusión son un medio y un fin, y no se considera científico a quien no aporta o produce en este sentido. Por cierto, cada uno elige las orientaciones y énfasis que desea dar a su carrera, que en buena medida definen a su vez el tipo de contribuciones que uno genera, aunque el grado de relevancia de ellas es juzgado por los pares y no por uno. En lo personal siempre he tenido intereses diversos (no soy un especialista) y no me considero destacado en algún ámbito específico, pero esto es lo que más se acomoda a mi caso y no lo extrapolo a otros.
Normalmente a los científicos se les requiere contribuir en aspectos que van más allá de hacer clases o publicar artículos (por ejemplo participar como evaluador de personas, programas o instituciones, o en comisiones de administración científica de becas o proyectos, labores editoriales, etc.), que implican trabajar para otros, y uno toma o deja estas opciones en función de sus motivaciones e intereses. Estos roles suelen tener la particularidad de que uno no puede solicitarlos ni postular a ellos, sino que son requeridos por la misma comunidad científica, por lo cual si llega una petición de ese tipo yo la veo como una oportunidad de realizar algo nuevo, aprendiendo y adquiriendo experiencia, y además una prueba personal ya que siempre está el desafío de responder a la exigencia (y si se logra, queda la satisfacción de la labor cumplida). Por otra parte también son un deber, ya que siempre hay otros que están trabajando para uno, y cuando llega el turno propio se convierte en una retribución, por lo que un buen amigo mío llama a esto el “servicio militar” del científico.
¿Usted cree que la información científica debiera abrirse al resto sociedad?, ¿considera que sería importante que existiera más difusión sobre ciencia, no sólo de y para científicos, sino también para personas de otros ámbitos e intereses, como una manera de educar y abrir los márgenes generalmente restringidos de la Ciencia?
Absolutamente, pero la pregunta es para qué hacer divulgación. Creo que los investigadores aún no entendemos que el sentido de la divulgación no está en asumirla sólo como un gesto o un deber, ni reducirla a la transmisión de datos anecdóticos o interesantes, o sobredimensionarla tratando de convertir al público en científicos.
Educar a través de la divulgación es parte de la alfabetización científica, y debiera hacerse de modo eficaz y permanente, teniendo un impacto real e incluso medible, a fin de que el público se apropie de elementos que le sean útiles para comprender el mundo, tomar decisiones y opinar informadamente. Algunos políticos hablan ampulosamente del desarrollo en la sociedad de la información, pero lo que vemos es una gran desinformación mezclada con pseudo-culturación tipo “animal planet”, o una capacidad tecnológica individual reducida al hábil manejo de Internet o redes sociales.
Las acciones típicas en las universidades (charlas en colegios, casa abierta, actos en ciertas efemérides, semana de la ciencia, etc.) no están nada mal, aunque son esporádicas y poco efectivas, y se orientan más bien a captar futuros alumnos (matrículas), lo cual no es reprochable pero ayuda poco a educar. Esto tampoco implica que todos los científicos deban dedicarse a la divulgación. Hay quienes tienen más habilidad, motivación o tiempo que otros, y el punto es buscar la forma de actuar eficazmente (si además se captan futuros alumnos tanto mejor).
Como biólogo marino, ecólogo… científico y persona ligada a la naturaleza, ¿cuál es su opinión sobre la importancia que en Chile, a nivel gubernamental, se le da a la defensa de la biodiversidad y protección de los ecosistemas?
Creo que se les ha dado una importancia al menos adecuada, pero aún falta bastante, y espero que el nuevo Ministerio del Medio Ambiente ayude a completar la tarea. Pero esto se liga a la pregunta anterior: la comprensión de la problemática ambiental, tanto del público como de los gobernantes pasados y actuales, aún debe mejorar para que dimensionemos apropiadamente el real alcance de las intervenciones ambientales vinculadas al desarrollo (sus pros, contras y proyecciones). En este contexto ninguna decisión es simple y ningún proyecto que involucre al ambiente es “benigno” o “maligno” per se; sin duda hay muchos intereses en juego, y las respuestas no están sólo en la ciencia, sólo en la economía, o sólo en el aprecio por la naturaleza. Los debates polarizados (apoyo vs. me opongo) y la frecuente in certeza de sus resultados son reflejo de cierta ingenuidad o falta de madurez ambiental, lo que por ejemplo nos lleva a reaccionar incluso con violencia ante situaciones muy visibles pero más bien puntuales como la ocurrida en el santuario del Río Cruces (todavía en litigio), mientras pasamos casi por alto las drásticas alteraciones ecológicas (menos visibles) derivadas de la salmonicultura por décadas en gran parte de nuestro territorio. La desinformación conduce al arraigo de muchos preconceptos erróneos, como la noción de que la naturaleza está en un “frágil equilibrio” que no debe alterarse en lo más mínimo, o que un “impacto ambiental” es siempre negativo, dañino, o irremediable (basta notar que acciones mediáticas como plantar algunos árboles en un lugar puntual pueden implicar varios impactos y ser ineficaces como protección del ambiente). No deja de ser paradójico que algunas intervenciones sean rechazadas públicamente aduciendo razones “ecológicas”, mientras la ciencia de la ecología nos informa que es factible intervenir y conservar dentro de ciertos límites que dependen del caso a evaluar. “Intervenir” no es sinónimo de “arrasar”, y las reacciones o actitudes desmedidas contribuyen poco a la defensa o protección de la biodiversidad y los ecosistemas, y debe entenderse que el uso de los ambientes y recursos naturales no es incompatible a priori con su conservación. Impedir la intervención (es decir, “preservar”) ciertamente puede ser necesario en situaciones extremas, pero en otros casos un modo más productivo de proteger o defender es involucrarse activamente en planear formas de evitar o minimizar efectos adversos o no deseados.
El clamor por no tocar o no alterar es comprensible ante el deterioro ambiental que percibimos a escala planetaria, pero en la práctica es virtualmente irrealizable. Las sociedades actuales necesitan recurrir a la naturaleza para su subsistencia, y el problema no es si se debe o no se debe hacer, sino cómo hacerlo, que es la base de la discusión sobre el desarrollo sustentable. La nostalgia por algunas sociedades ancestrales en supuesta armonía con la naturaleza es elogiable pero utópica, y olvidamos que sus bajas densidades poblacionales y ausencia de tecnología simplemente no llegaban a causar alteraciones relevantes (es decir, eran inevitablemente “ecológicas”). En contraste, si pudiéramos viajar a sociedades poderosas del pasado, ¿nos opondríamos a la ejecución de proyectos de envergadura (sin duda con impactos relevantes) como las pirámides y la esfinge de Giza, las carreteras y acueductos romanos, o la biblioteca de Alejandría y sus dependencias? En retrospectiva, podríamos pensar en cuál sería el nivel máximo aceptable de intervención en cada caso, pero la clave estaría en decidir primero qué aspectos elegiríamos balancear con cuáles otros.
Por Alejandra Águila
Periodista
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