“Eres tú de aquellos que sueñan con llegar a las cinco de la tarde a tu casa y bañarte en la piscina, porque a mí eso no me ha pasado casi nunca”. Es lo que responde esta bioquímica a los jóvenes que le preguntan sobre la cantidad de trabajo y el bienestar económico que podría proporcionarles el dedicarse a la carrera científica, y es que para ella éste es un camino que se recorre con sacrificio, los cuales encuentran una recompensa en la satisfacción de realizar aportes al conocimiento de la vida a partir de una innata vocación.
Esta doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad de París XI, oriunda de Concepción, es una entregada a su labor, siendo las algas marinas y sus mecanismos biológicos únicos, una de sus principales preguntas de investigación. Generadora de ideas y de proyectos de gran éxito en biotecnología, Alejandra Moenne, además, ha puesto sus ojos en la salud humana y en la producción agrícola, dándole al conocimiento generado una innovadora aplicación empresarial.
Comparte con nosotros una opinión más bien esperanzadora sobre el quehacer actual en ciencia en Chile, y manifiesta que -aunque tardé varios años en demostrar una productividad satisfactoria para acceder a un proyecto Fondecyt y que las empresas biotecnológicas que ha fundado han surgido de capitales privados- hoy ha podido darle estabilidad y sustentabilidad a su profesión, pues “con el tiempo y mucho trabajo, cualquier investigador termina lográndolo”.
¿Qué la llevó a interesarse en la bioquímica?
Desde muy pequeña me interesó todo lo vivo. En general, siempre me ha gustado la diversidad de lo vivo y los mecanismos que originaron la vida y la mantienen hasta el día de hoy. Cuando joven me gustaba también la física, en relación con los procesos involucrados en la creación del universo y en la formación de las partículas atómicas, los cuales, según mi percepción, debieran seguir una misma lógica (la lógica de Dios o de la fuerza creadora, según la convicción de cada cual).
De igual manera, me interesaba la química, en particular cómo algunos de los muchos átomos que existen (carbono, nitrógeno, azufre, oxígeno e hidrógeno) originaron las macromoléculas biológicas que sustentan la vida, es decir, las proteínas, lípidos, azúcares y ácidos nucleicos, y también la magia del agua y sus propiedades como solvente universal de la vida conocida.
Luego, cuando tuve que optar por una carrera universitaria me pareció que la Bioquímica ofrecía una formación que combinaba estos tres elementos (biología, física y química). Como yo nací y viví en la ciudad de Concepción, al salir de la enseñanza media a los 16 años, decidí estudiar Bioquímica en la Universidad de Concepción, en Chile.
Concepción, Santiago, París. Háblenos sobre su etapa de formación científica, sobre los hitos fundamentales que hoy sirven de base para su desenvolvimiento profesional.
Cuando egresé de la carrera de Bioquímica en Concepción, decidí hacer mi tesis de pregrado en Santiago, en la PUC, porque ahí había profesores que estudiaban expresión de genes nucleares en células eucariontes, tema que fue por mucho tiempo mi gran pasión. Algunos compañeros y yo fuimos los primeros alumnos que se atrevieron a dejar su universidad y hacer su tesis de pregrado en otra ciudad, con profesores que no conocían de antemano. Luego, decidí seguir estudios de postgrado en París, Francia, y continuar con el tema que me interesaba, y que era en ese momento la expresión de los genes.
Mi familia paterna es francesa y yo obtuve esa nacionalidad, al igual que mis hijos, tiempo después de volver de Francia. Así es que, el no haber tenido la nacionalidad en ese entonces me significó grandes sacrificios, partiendo por el hecho de tener que hacer cola desde las cinco de la mañana, a veces lloviendo y sin techo, durante 7 horas, todos los años (5) para obtener la “carte de séjour”, la cual permitía la residencia temporal en ese país.
Fueron años difíciles, ya que no había becas para chilenos, y el laboratorio donde estuve debió luchar para conseguir distintas becas que me mantuvieran hasta terminar mi tesis. Por lo que nunca sabía si iba a seguir el año siguiente. Sin beca, hubiese tenido que volverme a Chile. Aprendí a confiar y apostar, me convertí así en una sobreviviente. Por suerte, mi marido estaba conmigo, no tuve hijos allá porque eso habría sido insostenible.
¿Dónde trabajó y en qué cuando volvió a Chile?
Antes de volver a Chile, solicité un cargo de investigador asociado en la PUC en Santiago, no pensaba volver a Concepción. Me dieron el cargo y ahí estuve por 6 años. Durante ese tiempo nacieron dos de mis tres hijos, los mayores que son hombres. Me dediqué esta vez a estudiar la expresión de genes mitocondriales, ya no nucleares.
Pero sentí que me faltaba independencia, quería empezar una línea de investigación propia y me ofrecieron un cargo de investigador asociado en la Universidad de Santiago (USACH) con perspectivas de contrato definitivo y completa libertad para investigar lo que yo quisiera. Tuve que decidir a qué me abocaría en los años venideros y pensé en un tema que tuviera importancia para mí. La vida viene del mar, los organismos marinos son, los más antiguos y, por lo tanto, deben poseer genes y mecanismos biológicos ancestrales que hayan determinado y mantenido la vida en su origen. Las otras especies que evolucionaron de ellos y deben haber perdido o ganado ciertos genes y propiedades, y deben persistir en especies marinas muy antiguas como las algas.
¿Qué se dedicó a investigar cuando la contrataron en la Universidad de Santiago?
Como mencioné, ya había decidido trabajar en organismos marinos y la base de la cadena trófica son las algas, decidí investigar sobre macroalgas marinas intermareales, que tienen la suficiente biomasa como para saltarse los cultivos (se recogen manualmente a la orilla del mar). Es así como me asocié con un grupo de la PUC que trabajaba en macroalgas marinas y tolerancia a metales pesados, cuyo fuerte era la ecología y ecotoxicología, lo cual era complementario a la bioquímica y biología molecular que era mi saber hacer. Fueron años difíciles, una vez más, ya que hubo que poner a punto las técnicas bioquímicas y moleculares que permitieran estudiar las macroalgas marinas) en cuanto a los mecanismos de tolerancia a cobre.
Por otra parte, algunos años después, decidí comenzar una segunda línea de investigación sobre polisacáridos depolimerizados (oligosacáridos) de algas marinas que estimulan el crecimiento y la defensa contra patógenos en plantas terrestres. Esto comenzó en asociación con una profesora de la USACH, que se ha dedicado al estudio de la estructura de polisacáridos de algas marinas. Comenzamos estudiando polisacáridos depolimerizados de algas pardas y rojas, y observamos que algunas fracciones estimulaban el crecimiento y la defensa contra el virus TMV en plantas de tabaco (modelo vegetal clásico). El oligosacárido que mejor funcionaba era una galactano sulfatado (Poli-Ga) que provenía de un alga roja, desafortunadamente, muy escasa en las costas chilenas. Por esto, reemplazamos el Poli-Ga por otros polisacáridos estructuralmente relacionados como son los carragenanos, los cuales son producidos industrialmente en forma pura. Entonces, descubrimos que los carragenanos depolimerizados (oligo-carragenanos) estimulan fuertemente el crecimiento en plantas y protegen contra diversos patógenos tales como virus, bacteria y hongos que dieron origen a varias patentes presentadas en Chile y USA y publicaciones ya aceptadas. Descubrimos, además, que el aumento del crecimiento de plantas terrestres e basa en la estimulación de la fotosíntesis, el metabolismo basal y división celular, y que esto ocurre tanto en plantas (tabaco, remolacha y otros) como en árboles (eucaliptus).
Ud. se ha interesado por la biotecnología, ¿cómo pueden ser aplicadas sus investigaciones y a qué han dado origen?
Cuando estaba aún en la PUC, decidí formar una empresa biotecnológica con socios chilenos dedicada al servicio de la salud humana, en particular, al diagnóstico de patógenos humanos mediante una técnica molecular muy potente llamada amplificación génica por PCR (Polymerase Chain Reaction). La empresa, Bioscan S.A., que existe hasta el día de hoy, fue luego comprada por un grupo empresarial chileno. Entonces, decidí empezar de nuevo y formar otra empresa que se dedicara a mejorar el crecimiento de cultivos de consumo humano y de árboles para madera y captación de CO2. Es así como nuevamente con socios chilenos se formó la empresa Sirius Natura S.A., la cual, junto con la USACH, es dueña de las patentes que se han generado a partir de los conocimientos obtenidos sobre los oligo-carragenannos. Estamos en estos momentos realizando ensayos de campo para validar estos descubrimientos y luego internacionalizar esta tecnología.
Como investigadora, ¿cuál es su visión sobre las posibilidades que hay en Chile para hacer ciencia?, ¿le ha resultado complejo acceder a financiamientos para desarrollar investigaciones o eso ha ido cambiando?
Cuando llegué de Francia, las cosas no eran como son hoy en Chile. Todo era más difícil, por ejemplo, no existía Iniciación Fondecyt que financia proyectos de investigadores emergentes, herramienta por la que luché en todas las instancias que pude. En mi caso pasaron varios años antes de que pudiera demostrar una productividad satisfactoria que me permitiera acceder al financiamiento de un proyecto Fondecyt regular. Ahora, los años han pasado y creo que con el tiempo y mucho trabajo cualquier investigador termina lográndolo. Además, en ese entonces el apoyo a la formación de empresas biotecnológicas era insipiente por lo que las dos empresas que he fundado han sido con capital privado. Chile es hoy un país más próspero y moderno, y existen muchos programas para financiar proyectos científicos y tecnológicos a los cuales echar mano, que favorecen que un investigador joven pueda insertarse de manera rápida y exitosa en el mundo de la investigación científica.
¿Cuál es su opinión sobre la actitud de las nuevas generaciones con respecto al quehacer científico?
Aunque las nuevas generaciones han crecido en un país más próspero y con muchas más oportunidades que hace 20 años, a veces les hace creer a los jóvenes que todo les es debido y les cuesta entender que hay que luchar para conquistar los sueños. Sin embargo, existen aún muchos jóvenes que optan por una carrera científica y que quieren hacer de la ciencia una de las grandes metas de su vida. La pasión por la ciencia no se construye, se nace con la inquietud por averiguar cómo funciona lo vivo, creo yo. Afortunadamente, hasta hoy no he visto una merma en la postulación de alumnos a carreras científicas como Bioquímica y espero que esto no suceda. Los jóvenes interesados en la ciencia son, sin duda, idealistas, y los guía la pasión por la investigación, y no tienen como meta única el bienestar económico. A veces, cuando algún joven me pregunta sobre si estudiar una carrera científica u otra que le dará mayor bienestar económico le digo: eres tú de aquellos que sueñan con llegar a las cinco de la tarde a tu casa y bañarte en la piscina, porque a mí eso no me ha pasado casi nunca.
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