Fotografía: Gentileza Dra. Julieta Orlando

La doctora Julieta Orlando realizó su doctorado en la Universidad de Chile, obteniendo posteriormente un puesto académico en la Facultad de Ciencias de la casa de Bello. Su tesis de doctorado se desarrolló en el marco de la línea de investigación de la Dra. Margarita Carú, la cual se relacionaba con el estudio de suelos áridos y semi áridos del norte de Chile.

“Observamos la contribución de los microorganismos al ciclado de nutrientes, en especial el nitrógeno, y, además, analizamos cómo la sequía y las precipitaciones podían afectar eso”, explica la académica.

Una vez obtenido su grado, la Dra. Orlando comenzó a buscar temas alternativos para desarrollar su propia línea de investigación en el ámbito de la ecología microbiana. Fue en ese momento que entró en contacto con la directora para Chile de la Wildlife Conservation Society (WCS), Dra. Bárbara Saavedra, quien le propuso que realizara alguna investigación, desde la microbiología, en un parque natural de gran extensión llamado Karukinka que administra la WCS. “Con ese desafío en mente, comenzamos a trazar líneas de trabajo y nos preguntamos en un primer momento por las consecuencias que podrían tener en ese sentido las invasiones biológicas producidas por el castor, por lo cual leímos y aprendimos mucho de esa invasión. Pero lo que más nos llamó la atención dentro de la bibliografía revisada, fueron los líquenes, organismos que clásicamente se definen como una asociación entre un hongo y un alga o una cianobacteria; y ese fue el camino que decidí iniciar, comenzando así con la búsqueda de Peltigera (el género al que pertenecen los líquenes que estudiamos)”, acota la Dra. Orlando.

Bajo este escenario del estudio de los líquenes, la investigadora comenzó a generar variadas interrogantes, entre ellas, surgió la pregunta de si estos organismos podrían entregar información sobre la conectividad entre el hemisferio sur y el continente Antártico. Fue así como la académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile comenzó con su FONDECYT de iniciación para generar conocimientos ligados al área. En el proyecto, basado en un modelo conceptual existente, se postuló analizar cómo los pares de líquenes establecen la simbiosis y qué factores tendrían que ver con este encuentro. Además, se planteó la pregunta de cómo influye el componente ambiental en este proceso de selectividad. “Un hongo puede ser compatible con varias cianobacterias, pero elige a la más apta para establecer la simbiosis; en este sentido, nuestra hipótesis inicial fue que esa selectividad es más relajada en ambientes más extremos para favorecer así la supervivencia”, indicó la investigadora.

Al comienzo de esta aventura, la Dra. Orlando viajó con su equipo al parque Karukinka a realizar los muestreos. Regla en mano, se dirigió al bosque en búsqueda de los líquenes y, en particular, del anhelado género Peltigera. Al principio comenzaron la búsqueda por los árboles, percatándose después que los líquenes que buscaban crecían, por lo general, en el suelo. “Esto se aprende en terreno, todo es parte del enorme desafío que significaba trabajar en ecología y salir del laboratorio. Y si bien el desafío se torna complejo algunas veces, es muy gratificante mezclar ese aprendizaje, con la docencia, con el trabajo en terreno, con la investigación en el laboratorio; es el conjunto de todo eso lo que hace que este trabajo valga la pena”, acota.

La travesía Antártica

El segundo muestreo realizado por la académica y su equipo fue en la Antártica, cuyas características eran muy diferentes a lo que ya conocían en los bosques del sur de Chile.

En este nuevo terreno, la búsqueda de Peltigera los llevó hasta Cabo Shirreff, ubicado en la costa occidental de las Islas Shetland del Sur.

“La literatura señalaba que esta especie de liquen estaba en las islas Shetland del Sur, pero había todo un tema logístico detrás; y si bien en Cabo Shirreff había muchos líquenes, no estaba el que necesitaba. Mientras tanto, y con las muestras del parque natural Karukinka en mi poder, aún me faltaban las muestras de Antártica. En aquella oportunidad, el Instituto Antártico Chileno se comprometió a apoyarnos nuevamente el año siguiente”, relata.

En el intertanto, y para poder contar con muestras para ese año, la Dra. Orlando recolectó muestras en la Isla Navarino, para lo cual contó con el apoyo de la administración del Parque Etnobotánico Omora y personal de la Universidad de Magallanes con sede en Puerto Williams. “Lo interesante de los obstáculos que se van generando al desarrollar una investigación, es que para sortearlos vas contando con el apoyo de mucha gente que te ayuda desinteresadamente, lo cual es muy reconfortante. Pero no solo eso, van surgiendo nuevas preguntas y oportunidades de colaboración que van enriqueciendo el quehacer de la investigación propuesta inicialmente”, enfatiza la Dra. Orlando.

La sorpresiva Peltigera

Dentro del contexto de la búsqueda de Peltigera, al año siguiente de su viaje a Cabo Shirreff, la llevaron a varios puntos del continente blanco. La Dra. Orlando relata la odisea que significó ese viaje hacia la Antártica: “Estuvimos en varias bases, en un refugio y hasta en un campamento, tuve la oportunidad de navegar en busques de la armada y de volar en helicópteros y en aviones, tanto comerciales como de la FACH; pero lo más importante fue conocer a muchas personas de variadas profesiones y nacionalidades conviviendo en un ambiente muy diferente al que convivimos normalmente con otra gente”.

En territorio Antártico la planificación logística está cronometrada anticipadamente, siempre y cuando las condiciones meteorológicas lo permitan. Por ello es sorprendente el final de la travesía: “luego de casi un mes de búsqueda, con largas caminatas por diversos puntos del territorio antártico y acarreando algunas lesiones, encontramos a Peltigera en isla Decepción, el último día que teníamos planificado estar en territorio Antártico, con tormenta incluida”, relata.

Las oportunidades tras el anhelado encuentro

Después del exitoso final de la búsqueda antártica, la Dra. Orlando y su equipo han continuado con la recolección de líquenes Peltigera en diversas localidades del Sur de Chile, generando múltiples comunicaciones de los resultados en diversos medios y estrechando lazos con colaboradores a nivel internacional. Actualmente cuenta con un proyecto FONDECYT regular en el que están evaluando la selectividad del hongo no solo por sus socios clásicos, sino por aquellos recientemente descubiertos como parte de esta simbiosis multiespecies: bacterias y levaduras basidiomicetes. “Parte de los resultados que hemos obtenido hasta ahora estudiando la comunidad de bacterias asociadas a líquenes son muy interesantes, ya que hemos encontrado varias que contribuyen al ciclado de nutrientes en estos micro-ecosistemas”, concluye la Dra. Orlando.