La actual pandemia producida por el virus SARS-CoV-2 ha sido reconocida como una de las crisis sanitarias más graves de los últimos 100 años, desencadenando millones de víctimas fatales, unidades de pacientes críticos colapsadas, y otro gran porcentaje de personas con secuelas luego de haber padecido la enfermedad.

En ese sentido, la ciencia ha sido fundamental para comprender cómo un virus puede cambiar la vida de los seres humanos de manera trascendental, poniendo en jaque sus sistemas de salud y, por cierto, sus sistemas económicos. En nuestro país los medios de comunicación han recurrido a nuestra comunidad científica para explicarle a la sociedad en general de qué se trata esto que estamos enfrentando por más de un año, tratando de esclarecer dudas y desmitificando preceptos que se han ido construyendo a lo largo de las décadas en el mapa cultural de los chilenos.

Bajo este panorama, y desde el mundo de la inmunología, conversamos con la Dra. Mónica Imarai, destacada Bioquímica de la Universidad de Concepción y doctora en Ciencias Biológicas de la P. Universidad Católica de Chile, que actualmente es académica e investigadora de la Universidad de Santiago de Chile (USACH).

La Dra. Imarai, frente al actual contexto pandémico que atravesamos, realiza una observación para destacar que el sistema inmune tiene varios mecanismos para proteger de enfermedades infecciosas como las virales, “la inmunidad mediada por los anticuerpos, de la que normalmente escuchamos hablar, es uno de los mecanismos que tienen los individuos para eliminar a microorganismos infecciosos, pero no es el único, también está la inmunidad mediada por células (linfocitos T citotóxicos y macrófagos), que cumplen una función esencial”, inicia.

Es importante conocer estos modos de responder a los virus y así avanzar en el desarrollo de terapias que lo enfrenten eficazmente. “No se habla mucho sobre aspectos de la inmunidad celular antiviral porque no medimos rutinaria y fácilmente esta respuesta en las personas, como si lo hacemos con los anticuerpos. En este contexto, es importante señalar que, en nuestro organismo, los mecanismos de inmunidad preceden al contagio y una manera de hacerlos “despertar” es mediante la aplicación de alguna vacuna, la que activará la respuesta humoral y celular del organismo”, indica la Dra. Imarai.

La inmunidad humoral funciona con anticuerpos que circulan a nivel sanguíneo, los cuales son muy fáciles de detectar. Estos ingresan sin problemas a los tejidos donde ejercen su función. Actualmente, tanto en laboratorios de investigación como en la clínica se cuenta con efectivas y rápidas herramientas que entregan resultados de su presencia en el organismo; los test rápidos para los anticuerpos de IgM e IgG, producidos contra SARS-CoV-2 o contra la rubeola que se detecta en embarazadas, son un ejemplo de ello. La presencia de anticuerpos contra un virus, especialmente aquellos que son neutralizantes y de gran avidez, se asocian normalmente a protección. Estudios para evaluar estas características se hacen al alero de trabajos de investigación, no son ensayos clínicos rutinarios.

“En otro escenario, la inmunidad celular se desencadena para destruir las células infectadas, impidiendo que el patógeno pueda llevar a cabo su proceso de replicación.”, explica la directora del Centro de Biotecnología Acuícola de la USACH. Esto es necesario cuando el virus pasa las primeras barreras de protección (como las de los anticuerpos) e ingresa a las células que infecta. Al interior de las células, el virus “se esconde” de los anticuerpos, ya que estos no pueden entrar a las células. “La estrategia del sistema inmune es tener células especializadas que destruyen esas unidades infectadas, a una de estas poblaciones se les conoce como: Linfocitos T citotóxicos”, contextualiza. Para trabajar a este nivel de organización biológica, y detectar este tipo de respuesta hay que hacer experimentos en que se identifique la presencia de los linfocitos o se detecten citoquinas propias de estas células inmunes con métodos como el ELISPOT, por ejemplo.

Se ha avanzado y se seguirá avanzando en tratar de entender las formas en que los individuos responden a las infecciones virales que ayuden luego a desarrollar buenas y efectivas terapias de inmunización. En este sentido, “la componente genética del individuo representada en una gran proporción por la variabilidad de los genes del Complejo Mayor de Histocompatibilidad (Human Leukocyte Antigen, HLA) es un gran tema de investigación, ya que algunos alelos de estos genes pueden asociarse a susceptibilidad, mientras que otros a resistencia. Claramente, este componente define en múltiples aspectos, el tipo de inmunidad humoral y celular generada y los niveles de protección que un individuo y la población alcanza frente a cada virus que lo infecta”, acota.

Virus como el influenza, sarampión y coronavirus, que son un virus con genoma de RNA, replican (se multiplican) con muchos en la secuencia lo que posibilita una alta taza mutaciones generando nuevas cepas rápidamente. “Los virus de RNA poseen sistemas de reparación que no son tan eficientes como los de los virus DNA y esto, que genera mutaciones, es evolutivamente favorable para estos virus”, expresa. El cambio de una sola base en la secuencia de RNA puede producir un cambio que evita que el virus sea reconocido y eliminado por el sistema inmune de algunos individuos posibilitando su propagación.

“Entender los mecanismos de inmunidad que producen protección para la población con cada virus al que nos exponemos, y entender a la vez los mecanismos de cada virus para evitar su eliminación, nos permite ahora y en el futuro enfrentar en buenas condiciones nuevos eventos (epidemias o pandemias) de virus emergentes o de nuevas variantes de los que ya conocemos. Hay muchísimo que hacer.

No solo en el mundo, sino en nuestro país, deberíamos tener los recursos para hacer ciencia del mejor nivel que nos permita estar preparados para enfrentar situaciones como la actual pandemia. Perdemos tantos científicos excelentes (se ven cuando se van a otros países y resultan ser connotados investigadores) porque no financiamos sus proyectos. El conocimiento, la experiencia, la presencia de buenos científicos en número importante, la infraestructura y tanto más, no se improvisa, y hay que estar preparados porque los virus no avisan su llegada”, finaliza.

Fuente: 4ID/CONGRESS, Todos los derechos reservados. ®
Periodista: Patricio Grunert Alarcón. ®

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