La incorporación del Dr. Ricardo Rozzi a la Academia Chilena de Ciencias en abril
Por Alejandra González V.
Abril abre la partitura de la Tierra y en ella el Dr. Ricardo Rozzi, entra a la Academia Chilena de Ciencias en abril no como un punto final, sino como una nueva variación en una sinfonía viva donde dialogan ciencia, ética y arte.
No es una llegada, sino una continuidad; una modulación más en una obra que, desde sus inicios, ha entrelazado ciencia, filosofía y arte.
Socio desde 1990 de la Sociedad de Biología de Chile, Ricardo Rozzi ha habitado la ciencia como quien vuelve una y otra vez sobre un mismo tema, re-search, no para repetirlo, sino para escucharlo de otra manera. Como él mismo sugiere, es un ricercare de Bach: una forma donde cada variación no abandona el motivo inicial, sino que lo expande. Así también su pensamiento: desde los gradientes altitudinales donde cambian insectos y plantas, hasta los microhábitats donde, a pocos metros, la vida ensaya combinaciones distintas. Allí, la diversidad deja de ser solo amplitud y se vuelve intensidad.
Que la ceremonia haya sido el 22 de abril, Día de la Tierra, no es casual. Es coherente con una trayectoria que ha insistido en algo esencial: la ética no puede separarse de la ecología, ni el conocimiento de la responsabilidad. Su discurso de incorporación, centrado en la ética biocultural, propone integrar ciencias ecológicas, filosofía y bienestar humano. Pero en Ricardo, esa integración no se queda en las ideas: se vive, se recorre y se encarna en territorios, lenguas y comunidades de cohabitantes.
Su propuesta de las 3H, hábitos, hábitats y cohabitantes, no es un modelo abstracto, sino una forma de escuchar el mundo. Nos recuerda algo simple y profundo: no vivimos en la naturaleza, sino con ella. Que los vínculos entre formas de vida, sus modos de habitar y los espacios que comparten constituyen una trama ética fundamental. En esa trama, el bienestar humano deja de ser un objetivo aislado y se vuelve inseparable de la salud de la biosfera.
A lo largo de su recorrido aparece una idea persistente: la analogía entre selección natural y selección cultural. Ambas como procesos históricos, abiertos, en constante construcción. La ciencia, en este sentido, no es solo un sistema de certezas, sino también una narrativa en movimiento, donde las metáforas no adornan, sino que ayudan a comprender.
Por eso, esta incorporación puede leerse como una obertura. Una pieza que recoge motivos antiguos, la armonía pitagórica, los intervalos de Bach, la ética de la tierra y los proyecta hacia nuevas combinaciones. En esa clave, la obra Libra, anagrama de abril, dedicada a Mary Kalin y Juan Armesto, resuena como un gesto de gratitud: reconocer a quienes hicieron posible el camino, a quienes abrieron espacios donde la ciencia pudo dialogar con el arte y la ética.
Ricardo ha sido insistente en algo que no siempre decimos lo suficiente: agradecer a los maestros y maestras “que trabajan en la sala”. Porque el conocimiento no se construye en solitario. Toda investigación, como toda obra musical, necesita una comunidad que la sostenga.
Su propuesta de filosofía ambiental de campo va en esa misma dirección. Observar, encontrarse, narrar y hacerse responsable. Nombrar, dibujar, escuchar, decidir. La ciencia, así entendida, deja de ser solo conocimiento y se transforma en una forma consciente de cohabitar.
Pero quizás lo más importante no está solo en lo que ha hecho, sino en lo que propone hacia adelante. En su incorporación, Ricardo deja planteado un desafío: necesitamos repensar cómo vivimos. Aprender a cohabitar de verdad. No solo entre personas, sino con todas las formas de vida que comparten nuestros territorios.
Su invitación no es abstracta si no concreta: encontrarnos, trabajar juntos, ir al territorio. Cabo de Hornos aparece así como un lugar real y simbólico donde la ciencia, la ética y la vida se encuentran. Así, más que un discurso, es una hoja de ruta, una forma de hacer ciencia que se hace cargo; una manera de vivir que reconoce que todo está conectado.
Hoy, la Sociedad de Biología de Chile celebra el ingreso a la Academia de nuestro socio, el Dr. Ricardo Rozzi. No solo reconocemos su trayectoria, sino que también acogemos la pregunta que su obra deja abierta para todos nosotros:
¿Cómo queremos habitar este mundo que compartimos?
En abril, entonces, la Tierra no solo gira: también nos interpela.
Y en esa invitación, la obra de Ricardo Rozzi continúa, abierta, viva, polifónica, llamándonos a escuchar y a cuidar la compleja sinfonía de la que somos parte.
Fotografías donadas por gentileza de @ivancabreraaudiovisual




